miércoles, 14 de diciembre de 2016

«Si había un testigo sordo, entonces nos llamaban»

«Si había un testigo sordo, entonces nos llamaban»

Esther Gálvez es intérprete de lengua de signos y lleva el único servicio de interpretación para sordos de un bufete privado

En aquella época Esther Gálvez estudiaba Derecho y hacía prácticas en un centro penitenciario. «Básicamente ayudábamos a los presos a cursar peticiones ante los funcionarios», recuerda. Un día conoció a un prisionero sordo: la clase de encuentros que deciden una vida. «Me impactó mucho. Tenía una doble barrera, la arquitectónica de la cárcel y la comunicativa. No sabía leer ni escribir… Fue el detonante. La razón por la que decidí dedicarme a la interpretación».
-¿Y el Derecho?
-Sí, por supuesto, el Derecho: pero dentro del ámbito jurídico quería hacer algo distinto. No me veía en un despacho haciendo trabajo de abogada. Quería compaginar: lo jurídico con la interpretación.
-¿Y cómo lo hizo?
-Estudiando.
-¿Lengua de signos?
-Interpretación de lengua de signos. Un ciclo formativo de grado superior. Porque vi que una de las salidas laborales era esa, precisamente, trabajar como intérprete al servicio de personas sordas y sordociegas.
-Entiendo. Y ese anhelo de compaginar, ¿pudo realizarlo, desde el principio?
-Tuve suerte. La Fesoca, la Federació de Persones Sordes de Catalunya, abrió una convocatoria solicitando intérpretes, y de esa manera empecé a trabajar enseguida. Prestaba servicios ordinarios: en el ámbito educativo, el sanitario, el laboral… Y sí: en el ámbito jurídico. Cuando había un demandante sordo, o un testigo sordo, por ejemplo: entonces solicitaban nuestros servicios y acudíamos a los juzgados o a los tribunales.
-¿Y aquí? ¿Cómo llegó aquí?
-Aquí llegué por otras razones, a raíz de un hecho muy traumático que ocurrió en mi vida y por el que tuve que contactar con este despacho. Cuando lo pienso… Fue algo muy oscuro que sirvió para dar luz.
-¿Quiere hablar de ello?
-Prefiero no hacerlo. Pero sí quiero contar que fui estableciendo relación con el despacho, y que un día les presenté este proyecto, que era un proyecto que tenía en mente desde hace tiempo.
-¿Cómo lo planteaba, exactamente?
-Bueno, para empezar, es un proyecto que apuesta por la igualdad de oportunidades y la no discriminación tal y como establece la convención de la ONU sobre personas con discapacidad. En la práctica es muy sencillo: se trata de servir de intérprete a cualquier persona sorda que acuda al despacho en busca de asesoría legal.
-¿Es una figura habitual?
-No. Por lo que sé, Vosseler Abogados es el primer despacho que tiene una figura así.
-¿Qué retos le plantea este trabajo?
-Bueno, el ámbito jurídico a veces tiene una terminología muy técnica y específica que no tiene correspondencia directa con la lengua de signos. Cuando te encuentras en una situación así tienes que hacer uso de la perífrasis, de recursos lingüísticos varios para que la persona entienda.
-Entonces tiene limitaciones, la lengua de signos.
-No, la lengua de signos es como cualquier otra lengua: permite expresar cualquier cosa. Es una lengua plena capaz de vehicular cualquier pensamiento, cualquier sentimiento, cualquier idea. Está llena de plasticidad, de belleza: sirve para discutir, para confesarse, para hablar de filosofía, para expresar amor. No olvidemos que es una lengua legalmente reconocida.
-No hace mucho, ¿no?
-No, no mucho: desde el 2007 en la legislación española y desde el 2010 en la catalana. Yo formé parte de los equipos que elaboraron ambas leyes, la estatal y la autonómica.
-¿Qué más ha hecho? Relacionado con la interpretación, quiero decir.
-Bueno, durante 11 años he sido profesora en el ciclo formativo que yo misma estudié, por ejemplo. Y además he trabajado en diferentes facultades de la UB, la UPF y la UNED como intérprete educativa.
-O sea, se puede decir que la educación es otro de sus ámbitos.
-Sí, ¿y quiere que le diga una cosa? Se incumple sistemáticamente lo que establece la ley en términos de derechos educativos.
-De las personas sordas.
-Sí. Se supone que los alumnos tienen derecho a ser escolarizados y a usar la lengua de signos como pilar del desarrollo de su personalidad, pero ni en el bachillerato ni en los ciclos formativos se cubren todas las horas lectivas.


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